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Plan B: Cuando los intereses se trastocan

  • Foto del escritor: Quinceminutos.MX
    Quinceminutos.MX
  • hace 1 hora
  • 2 Min. de lectura

En política, pocas cosas son definitivas. Lo que hoy parece una ruptura mañana puede convertirse en acuerdo, y lo que ayer fue denuncia hoy se presenta como consenso. El reciente pacto entre Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México para respaldar el Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum es un ejemplo claro de esa lógica pragmática que define al poder.


Hace apenas unos días, los diputados del PT y del Verde fueron señalados como “traidores a la Cuarta Transformación” por frenar la reforma electoral original que proponía medidas de alto impacto político: eliminar las plurinominales, reducir el financiamiento a los partidos y recortar escaños en el Senado. No era un desacuerdo menor. Se trataba de tocar uno de los pilares que han permitido a partidos pequeños mantener presencia en el Congreso durante décadas.


No es casualidad. Tanto el PT como el Verde han construido buena parte de su supervivencia política en los espacios de representación proporcional. Las plurinominales, más que un mecanismo democrático abstracto, han sido para ellos una tabla de salvación institucional. Por eso, la reforma inicial encendió las alarmas dentro de la propia coalición gobernante.


El acuerdo alcanzado tras cuatro días de negociaciones refleja, en realidad, un ajuste de expectativas. El llamado Plan B deja intactos los principios de pluralidad electoral y evita tocar de fondo el sistema de representación proporcional. A cambio, introduce otros cambios: recortes en presupuestos de congresos locales, reducción de regidurías en municipios y la posibilidad de someter temas electorales a consulta pública, además de adelantar la consulta de revocación de mandato para 2027.


Es decir, la reforma mutó. De una transformación estructural del sistema electoral pasó a convertirse en una reingeniería política más moderada, suficiente para mantener el discurso de austeridad institucional, pero sin alterar los equilibrios que sostienen la coalición oficialista.


El mensaje conjunto, con las dirigencias levantando las manos en señal de unidad, no fue casual. Después de días de tensión, la prioridad era enviar una señal de cohesión política. Como dijo Ricardo Monreal, el acuerdo demuestra que “el diálogo sí da resultados”. En términos políticos, también demuestra que ninguna mayoría parlamentaria es automática.


Para la presidenta Sheinbaum, el resultado tiene una doble lectura. Por un lado, confirma que su liderazgo es capaz de recomponer fracturas dentro del bloque gobernante. Por otro, deja claro que incluso dentro de la llamada Cuarta Transformación existen intereses partidistas que no siempre coinciden con las grandes reformas del proyecto.


En el fondo, el episodio revela una verdad conocida en el Congreso: las reformas profundas suelen enfrentarse no solo a la oposición, sino también a los aliados.


La política mexicana, una vez más, confirma que entre la pureza ideológica y la gobernabilidad cotidiana suele imponerse una tercera vía: la política de los intereses particulares.


Cuenta de X: @mecinas

Director de Quinceminutos MX


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