Empoderamiento, polémica y acusaciones: la politización del triunfo de Fátima Bosch como Miss Universo 2025
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“Ningún insulto apagará mi propósito… cuando una mujer gana, abre camino para miles más”: cuarta reina mexicana

Ciudad de México. (Quinceminutos.MX). — La coronación de Fátima Bosch como Miss Universo 2025 —celebrada el 20 de noviembre en Bangkok, Tailandia— ha trascendido el ámbito de la belleza para convertirse en un asunto de debate público y política mediática que son aprovechados por la derecha en México. Lejos de ser un triunfo unánime, su victoria está envuelta en una intensa polémica.
Las raíces de la controversia
Durante los días previos a la final, Bosch protagonizó un enfrentamiento público con un directivo del certamen —Nawat Itsaragrisil— quien la insultó en una transmisión en vivo por negarse a participar en un “sponsor shoot”. Ese episodio —con el calificativo “dummy” (“tonta”) incluido— derivó en que ella y varias otras concursantes abandonaran la sesión en señal de protesta.
Tras su coronación, más de una decena de voces —incluyendo exjurados y usuarios en redes sociales— acusaron al concurso de fraude y de favorecer a Bosch por intereses empresariales. El exjuez Omar Harfouch renunció pocos días antes de la final y denunció una supuesta manipulación del resultado.
Entre los señalamientos destaca un presunto conflicto de intereses: se ha apuntado que el padre de Bosch, Bernardo Bosch Hernández, habría tenido vínculos con contratos públicos de una empresa asociada al nuevo presidente de la organización de Miss Universo México, Raúl Rocha Cantú. Esta conexión ha disparado suspicacias sobre la imparcialidad del certamen.
Divisiones en el público y en el mundo político
El anuncio de su triunfo generó reacciones divididas. En la sala, hubo gestos de desaprobación: abucheos, pulgares abajo, y críticas abiertas. En redes sociales, muchos usuarios hablaron de “pago de favores” o “business over merit” (negocios sobre mérito).
Las críticas se elevaron en México cuando sectores políticos y mediáticos, tratando de aprovechar la situación, señalaron la relación laboral del padre de Fátima Bosch —Bernardo Bosch—, quien es asesor de Pemex, empresa con la que ha tenido contratos millonarios Raúl Rocha Cantú, propietario del certamen internacional.
Un punto clave para politizar el triunfo fue el señalamiento de que la Miss Universo es de origen tabasqueño —mismo estado del que es originario el expresidente Andrés Manuel López Obrador y el senador Adán Augusto López, investigado por el caso del huachicol fiscal—, además de ser sobrina de la exsenadora de Morena Mónica Fernández Balboa, actual directora del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (INDEP).
Algunos defienden a Fátima Bosch como símbolo de empoderamiento y cambio generacional; otros la acusan de formar parte de una operación orquestada para lavar la imagen de intereses empresariales y políticos bajo la apariencia de un concurso de belleza.
Fátima Bosch alza la voz: entre ataques, valentía y solidaridad
Bosch no ha permanecido en silencio. A través de sus redes sociales denunció una ola de violencia digital: insultos, amenazas de muerte, calumnias. Advirtió que su victoria molesta a quienes no soportan que una mujer “brille sin permiso”, e instó a ver su triunfo como un símbolo de resiliencia colectiva.
En sus propias palabras: “Ningún insulto apagará mi propósito… cuando una mujer gana, abre camino para miles más”.
Para muchos, su rechazo a aceptar humillaciones y su decisión de mantenerse firme representan una ruptura con las dinámicas tradicionales de sumisión en los certámenes de belleza —y abren un debate sobre dignidad, respeto y género en espacios mediáticos.
Una corona que pesa… mucho más que glamour
El triunfo de Fátima Bosch, lejos de ser celebratorio, se convirtió en un símbolo polarizante: representa para algunos un acto de empoderamiento personal y colectivo; para otros, una manifestación de pactos turbios, intereses empresariales y posible manipulación.
Más allá de su permanencia como reina, el debate generado revela cómo detrás de una corona puede ocultarse una red de poder, influencias y tensiones sociopolíticas. Y en ese contexto, cada palabra, cada gesto y cada cuestionamiento cuentan.



































































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