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La noche en que cercaron a “El Mencho”: crónica del operativo en Tapalpa

  • Foto del escritor: Felipe P. Mecinas
    Felipe P. Mecinas
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura

La pista surgió a partir de un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales del capo

Tapalpa, Jalisco
Área rural a orillas de Tapalpa, Jalisco, en las cercanías de donde fue ubicado El Mencho.

Tapalpa, Jalisco. (Quinceminutos.MX). —La información llegó tras meses de inteligencia cruzada, seguimiento financiero y análisis de vínculos. No fue un dato aislado ni un golpe de suerte. Fue el resultado de una red de cooperación que involucró a instancias nacionales e internacionales. Así lo relató Ricardo Trevilla Trejo, al detallar el operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en el municipio serrano de Tapalpa.


La pista surgió a partir de un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales del capo. El 20 de febrero fue ubicado y seguido hasta un complejo de cabañas en las orillas del poblado. Un día después, esa persona abandonó el inmueble. La información fue clara: “El Mencho” permanecía ahí, protegido por su círculo de seguridad.


Inteligencia antes que fuego


Detrás de ese momento hubo años de antecedentes. Oseguera Cervantes inició en el narcotráfico en la década de los noventa como integrante del grupo de Los Valencia o Cártel del Milenio. En mayo de 2016 fue incluido por Estados Unidos en su lista de fugitivos más buscados; una corte del Distrito Oeste de Texas lo requería. En 2018, la entonces Procuraduría ofreció 30 millones de pesos por información que llevara a su captura. El gobierno estadounidense elevó la recompensa a 15 millones de dólares.


La operación en Tapalpa no se improvisó. Se construyó con inteligencia militar, intercambio de información con agencias estadounidenses, cooperación internacional —incluida Interpol— y seguimiento financiero a través de la Secretaría de Hacienda. Mapas de vínculos, plataformas aéreas y análisis de campo delinearon el cerco.


“El proceso de inteligencia es complicado; requiere tiempo y datos de diversas fuentes”, explicó Trevilla. El 21 de febrero se planeó la operación bajo doctrina militar: “quien ejecuta, planea”.

El cerco y el estallido


La noche del 22 de febrero, fuerzas especiales avanzaron para ejecutar un cerco. Sabían que el objetivo tenía dos órdenes de aprehensión por delincuencia organizada y que el grupo estaba armado. La expectativa era una reacción violenta. No se equivocaron.


Desde el complejo de cabañas surgió fuego intenso. Ocho presuntos delincuentes murieron en el enfrentamiento —cuatro se reportaron inicialmente, otros cuatro fueron localizados tras la revisión posterior del área—. Se aseguraron siete armas largas, dos lanzacohetes (uno tipo RPG), ocho vehículos, cartuchos y cargadores. El antecedente pesaba: en 2015 un lanzacohetes fue usado para derribar un helicóptero militar en Autlán de Navarro durante otro intento de captura.


“El Mencho” y parte de su círculo cercano rompieron el cerco y se internaron en la zona boscosa. Fuerzas especiales los persiguieron entre la maleza. Hubo intercambio de disparos; los delincuentes portaban también lanzacohetes, aunque no los utilizaron ante la presión militar. Un helicóptero de fuerza aeromóvil fue impactado y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en una instalación militar en Sayula. No hubo bajas en la tripulación.


En tierra, la confrontación dejó herido al líder del CJNG y a dos de sus escoltas. También resultaron lesionados tres militares.


Evacuación bajo riesgo


La gravedad de las heridas obligó a una evacuación aérea. El traslado se dirigió inicialmente hacia el Aeropuerto Internacional de Morelia, donde aguardaba un avión Casa de la Fuerza Aérea. Sin embargo, la situación obligó a redirigir el esquema sanitario ante el riesgo de reacciones violentas en Guadalajara. Durante el trayecto, Oseguera Cervantes falleció.


La reacción en El Grullo


Mientras el operativo en Tapalpa se desarrollaba, inteligencia militar identificó a Hugo H., alias “El Tuly”, operador logístico-financiero y hombre de confianza del líder, en El Grullo, Jalisco. Desde ahí coordinaba bloqueos carreteros, incendios de vehículos y ataques a instalaciones militares y de la Guardia Nacional. Incluso —según el reporte— ofrecían 20 mil pesos por cada militar asesinado.


Un despliegue aeromóvil de fusileros paracaidistas lo localizó. Intentó huir y abrió fuego. Murió en el intercambio. Le aseguraron un arma larga, una corta, 7.2 millones de pesos y 965 mil dólares, además de cartuchos y el vehículo en el que escapaba.


Refuerzos y control territorial


Los detenidos y aseguramientos quedaron a disposición de la Fiscalía General de la República, a través de la fiscalía especializada en delincuencia organizada. Esa misma tarde comenzaron a restablecerse las condiciones de normalidad, aunque el gobierno federal decidió reforzar la presencia en Jalisco.


Tres aviones de la Fuerza Aérea trasladaron personal adicional. Desde el centro del país y estados aledaños se concentraron efectivos hasta totalizar 2,500 militares en refuerzo.


La noche en Tapalpa dejó más que un saldo operativo. Expuso la dimensión del armamento del CJNG, la capacidad de reacción del Estado y el peso de la inteligencia como antesala del combate. Entre la maleza y el estruendo de los disparos, terminó la persecución de uno de los hombres más buscados de México.

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