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Alejandro González Iñárritu entra a El Colegio Nacional y abre su historia más íntima: “No soy un hombre de palabras”

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

El cineasta dejó de lado el perfil reservado que lo ha acompañado durante décadas y ofreció una de las exposiciones más personales de su carrera

Alejandro González Iñárritu
Es el primer cineaste en formar parte del selecto grupo de mentes brillantes.

Ciudad de México. (Quinceminutos.MX).— Entre escenas inéditas, recuerdos familiares, silencios cargados de emoción y una defensa apasionada del cine como lenguaje de vida, Alejandro González Iñárritu protagonizó uno de los momentos más significativos del año al convertirse en el primer cineasta en ingresar a El Colegio Nacional, institución considerada la máxima cátedra intelectual del país.


Durante una intervención que se extendió por más de dos horas, el director de Amores perros, Birdman y The Revenant dejó de lado el perfil reservado que lo ha acompañado durante décadas y ofreció una de las exposiciones más personales de su carrera.


Con voz entrecortada en distintos momentos, Iñárritu habló del cine, pero también del miedo, la memoria, el deseo, la pérdida y de las experiencias que moldearon su forma de contar historias.


El cine es el arte más cercano a la vida: ambos dependen de la luz y de avanzar a tientas entre lo que apenas alcanzamos a ver”, expresó ante integrantes de la institución, invitados y asistentes.

Uno de los momentos más sensibles llegó cuando recordó el trabajo detrás de Carne y Arena, la instalación con la que obtuvo reconocimiento internacional y que dedicó a personas desaparecidas y migrantes. Ahí, la emoción ganó terreno y el cineasta dejó ver un lado pocas veces mostrado en público.


Desde el inicio de su discurso reconoció que dudó en aceptar el nombramiento.


“Aún hoy no estoy convencido de poseer los méritos necesarios para ocupar un lugar entre mentes tan brillantes”, confesó, al revelar que anteriormente había rechazado la invitación impulsada por el escritor Juan Villoro.

Lejos de una conferencia académica convencional, la sesión se convirtió en una clase magistral sobre el origen de su mirada cinematográfica. Iñárritu recordó una infancia marcada por el afecto familiar, pero también por limitaciones económicas.


“Recibí educación y amor ilimitado, pero nunca recursos económicos”, relató.

Esa ausencia material —explicó— terminó por convertirse en el combustible de su curiosidad artística. En la adolescencia encontró refugio en lecturas como El Aleph y en las funciones de la Cineteca Nacional, donde descubrió a autores que marcarían su lenguaje visual.


En su recorrido personal citó influencias de figuras como Werner Herzog, Alain Resnais, Luchino Visconti, Ingmar Bergman, Federico Fellini y Abbas Kiarostami, autores que, dijo, ayudaron a formar una generación de jóvenes mexicanos con mirada cosmopolita.


La ceremonia terminó con un cineasta que, después de tres décadas detrás de la cámara y múltiples premios internacionales, eligió no hablar de éxitos ni estatuillas, sino del acto íntimo de crear.


La vida es ese fragmento de intimidad en el que imaginamos, padecemos y gozamos… y esa es la materia prima que se convierte en arte”, concluyó.

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