¿Por qué miles apoyan el Cablebús de Armenta en Puebla? Esta es mi historia...
- Quinceminutos.MX

- hace 6 días
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Hay quienes no alcanzan a comprender por qué hay poblanos que están a favor del Cablebús, ni logran dimensionar por qué son tantos. La respuesta no está en los discursos técnicos ni en las cifras oficiales, sino en las historias cotidianas de quienes habitan las zonas más alejadas de Puebla: de quienes se levantan entre las cuatro y las cinco de la mañana y regresan a casa cerca de la medianoche, solo para repetir la rutina al día siguiente.
Son vidas marcadas por la prisa. Por correr detrás de un transporte que no siempre llega. Por caminar 30 o hasta 40 minutos para alcanzar una combi, un colectivo o un camión que los acerque, apenas, al trabajo.
Hubo un tiempo —hace ya más de quince años— en que me tocó vivir del otro lado de esa historia. Me enfrenté al desempleo, quedarme sin auto y sobrevivir con recursos mínimos que apenas alcanzaban para comer y salir a buscar la nota. Porque, han de saber, el periodista lo es incluso cuando no cobra, sostenido apenas por la certeza —o la necedad— de que algo llegará.
Estuve a punto de volver a la Mixteca —de donde saben soy originario—, por el mismo camino por el que había llegado a Puebla. Una tarde, prácticamente con las maletas hechas, sonó el teléfono, contesté de inmediato. Era un buen amigo —de esos que aún permanecen— que me hablaba de una vacante: un trabajo duro, jornadas largas, entrada a primera hora y salida, ya entrada la noche. Sin embargo, el sueldo era apenas un poco más del mínimo. No lo dudé. Al día siguiente acudí a la cita y me quedé.
Eran tiempos distintos. El transporte público dejaba de circular a las diez de la noche. Bastaban cinco minutos de retraso para quedarse varado en la ciudad. No existía RUTA, ni plataformas como Uber o Didi, ni los colectivos del Periférico. Solo quedaban dos opciones: tomar el último camión… o caminar.
Y caminé.
No una noche, ni dos. Fueron tantas que dejé de contarlas después de la décima o doceava. Jornadas largas —quizá de las más intensas y formativas de mi vida— que terminaban al cruzar la puerta del trabajo y enfrentar la realidad: las 10:05, las 10:30 de la noche… y sin transporte.
Entonces venía la decisión: tomar el camino largo, iluminado pero que se alargaba hasta 15 kilómetros, o tomar el corto, de apenas 11, pero con tramos sumidos en la oscuridad, sobretodo el último tercio. Casi siempre elegía el segundo, y no era el único, cada noche me topaba con otros que viajaban en bicicleta o al igual que yo caminaban, pero uno a uno se iban quedando en el camino, hasta que de pronto, me hallaba solo. Llegaba a casa cerca de la medianoche, o después, dependiendo del cansancio y del ritmo de mis pasos.
Si en aquel entonces hubiera existido el sistema RUTA, habría caminado apenas un kilómetro para llegar a una terminal y dos más al bajar. Nada más.
Nunca había pensado en ello, pero quizá por eso —aunque cuestioné la tala de árboles y los costos inflados del proyecto— siempre consideré que se trataba de un buen modelo y deseaba que una terminal quedara cerca de aquel vecindario. Hoy ya no vivo allí, pero ahora la línea 4 del RUTA, sobre el Periférico, pasa por ese último tramo y beneficia a miles que siguen saliendo tarde del trabajo.
Las cifras ayudan a entenderlo: según el INEGI, cerca del 88% de los poblanos utiliza el transporte público, con entre 1.2 y 2 millones de viajes diarios en la zona metropolitana. Sólo RUTA moviliza más de 8 millones de pasajeros al mes. La Línea 4, por sí sola, trasladó a más de 58 millones de personas en los primeros siete meses de 2025.
Si se entiende esto, entonces no sorprende que el 64% de los poblanos —según el CISO de la BUAP— apruebe el Cablebús o esté dispuesto a conocerlo. No es una cifra fría: es el reflejo de una necesidad acumulada.
Cierto, el proyecto fue arrancado entre irregularidades que han ido quedando al descubierto como la falta del Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) —motivo por el que aún el gobierno del estado no ha podido explicar el impacto real al medio ambiente—, sin embargo, los beneficio que anuncia son por mucho la razón de que miles de poblanos estén de acuerdo con el proyecto.
Porque cuando has caminado kilómetros en la noche, cuando has sentido el riesgo en cada paso, cuando has dependido de la suerte para llegar a casa… la discusión cambia.
En algunas de aquellas noches en las que me tocó caminar largos trayectos, hubo momentos de gran peligro y otros de gran humanidad —historias que quedarán para otro momento—. Pero si entonces hubiera existido un sistema como RUTA —o incluso el Cablebús—, habría preferido que se talaran uno o mil árboles, si eso me hubiera garantizado que llegaría pronto y a salvo a casa.
Cuenta de X: @mecinas
Director de Quinceminutos MX
















































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