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La agenda pública

No es ajeno a la temporada de elecciones que quienes busquen ser elegidos o elegidas como autoridades se promocionen como portadores de la solución real a los problemas de un estado, de un municipio o incluso hasta los del mismo país; de esta manera, se busca convencer al electorado de que quien pretende el poder conoce la agenda pública, pero ¿qué es la agenda pública?


Doctrinalmente, la agenda pública forma parte de un sistema más grande, estando integrada dentro del conocido ciclo de políticas, que, de acuerdo con el autor abordado, este será más amplio o más reducido, aunque en cualquier caso siempre se parte de un común denominador, la identificación de problemas.


La identificación del problema es la parte que antecede al paso de agendas, siendo este el reconocimiento de una situación que produce inconformidad o insatisfacción colectiva y que (a diferencia de un problema particular) requiere intervención del Estado para su resolución o mitigación; resulta especialmente importante saber qué es un problema público, porque de esta manera es como sucede el siguiente paso, la aparición en la agenda pública.


El paso entre problema público y agenda pública es casi natural, pues una situación que causa insatisfacción social se convierte en un tópico que figurará permanentemente en la opinión de la ciudadanía afectada, y este no se ve limitado por su carácter, factores como el saneamiento, inseguridad o movilidad son ejemplos de esto. En este caso, si se le preguntase a un profesional de la administración pública una forma en la que pudiera aportar su conocimiento y experiencia, no dudo que en algún momento respondería usando las palabras “solucionar problemas públicos” o “generar/diseñar políticas públicas”.

Aunque el diseño de políticas públicas tiene como objetivos mitigar, resolver o combatir un problema público a través de una acción de gobierno, el paso de agendas no suele ser inmediato, especialmente por razones que versan sobre la complejidad de la administración pública para hacerse de la información, lo que suele llevar al desconocimiento del problema de parte de quienes toman las decisiones, o en el peor de los casos, que se sepa de los problemas pero se elija ignorarlos hasta que haya consecuencias. Propiciar la transición de agendas es algo que se materializa de distintas maneras, la sociedad civil organizada resolverá de acuerdo con sus medios la mejor forma de hacerlo, habiendo un impulso como el enfoque bottom up, hasta el recurrir a la protesta.


En ambos casos, la presión que ejerza la sociedad civil sobre sus tomadores de decisiones será determinante para que suceda este paso de agendas, es decir, cuando un problema público se vuelve del conocimiento y prioridad de la administración pública se dice que el problema ya forma parte de la agenda gubernamental o agenda política; es de esperarse entonces que, al figurar el tema dentro de la visión de las autoridades, se van a destinar esfuerzos para solucionarlo.


Para este momento, el paso de agendas abre el quehacer de los profesionales del gobierno, es así como se está frente a la formulación de alternativas y los subsecuentes pasos dentro del ciclo, mismos que valen la pena explicarse aparte. Por otra parte, es menester señalar que, aunque el ciclo de políticas se enfoca sobre el actuar del Poder Ejecutivo, especialmente por su facilidad de diseñar una variedad de alternativas, y ejercer seguimiento y evaluación de manera más sencilla, sería imprudente no observar la capacidad del Poder Legislativo para aportar soluciones.


Aunque sus acciones son distintas, la materialización de la agenda pública en el Poder Legislativo se encuentran especialmente en dos vertientes: la capacidad de reformar, adicionar, derogar, abrogar o crear leyes, y la de poder exhortar al Ejecutivo a dar cumplimiento a determinadas demandas, ambas pudiendo ser producto de la opinión pública, o a solicitud de la sociedad civil.

Ser conscientes de que la atención de la agenda pública no es limitativa a la actuación del Poder Ejecutivo, y que esta se encuentra también dentro del Poder Legislativo debe servir para reforzar la relación entre gobierno y sociedad civil, amén de profesionalizar a los tomadores de decisiones, y crear consciencia de cómo ejercer y preservar una democracia participativa.


Debe ser primordial para cualquier autoridad el practicar activamente la escucha de la ciudadanía, pues al final, la agenda pública representa el sentir de la sociedad civil.

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Autor: Humberto Jafeth Gómez de la Rosa

Maestro en Administración Pública con mención honorífica por la Universidad Anáhuac Oaxaca. Diplomado en Gestión Pública para el Desarrollo, Datos para la Efectividad de las Políticas Públicas y Gobierno Digital por el Banco Interamericano de Desarrollo. Consultor en Administración y Gerencia Pública. Asesor en el Honorable Congreso del Estado de Oaxaca e Integrante de la Coordinación General del Observatorio Ciudadano de Gobierno Abierto del Colegio de Profesionistas Compartir Conocimiento A.C.


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