Venezuela: la captura de Maduro y el fracaso de los organismos internacionales
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- hace 2 días
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Al cierre del primer cuarto del Siglo XXI, la intervención de Estados Unidos en Venezuela marca un punto de quiebre no sólo para América Latina, sino también para la comunidad internacional, al evidenciar la fragilidad de los organismos multilaterales que, desde la Segunda Guerra Mundial, han buscado contener el uso de la fuerza. Son instituciones que hoy se muestran deslegitimadas por sus propias omisiones, las mismas que durante más de tres décadas permitieron graves violaciones a los derechos humanos, la existencia de más de 850 presos políticos y el exilio del 27.7 % de la población venezolana.
El uso de la fuerza de Estados Unidos en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro no surgió en el vacío. Fue la culminación de una escalada sostenida de tensiones políticas, retóricas y operativas que, durante meses, empujaron a ambos países hacia un punto sin retorno. Públicamente, Donald Trump y Nicolás Maduro protagonizaron un intercambio de advertencias, amenazas y desafíos abiertos que anunciaban un desenlace abrupto. Y —vale decir—, ninguna de las instituciones internacionales que hoy se rasgan las vestiduras hizo algo para detener la escalada.
Del lado venezolano, el discurso beligerante contra Estados Unidos y el llamado “imperialismo yanqui” se intensificó. Desde Caracas, Maduro apostó por la confrontación como herramienta de cohesión interna, incluso llegando al desafío personal: “¡Venga por mí, aquí lo espero en Miraflores, no se tarde en llegar, cobarde!”. Al mismo tiempo, Washington acumuló señalamientos sobre envíos de cocaína por aguas internacionales, atribuidos al llamado Cártel de los Soles, lo que elevó el tono de las acusaciones y estrechó el margen diplomático.
La operación ejecutada por Estados Unidos fue descrita como quirúrgica: rápida, focalizada y con un objetivo claro. Desde una lógica estrictamente militar, puede interpretarse como una acción calculada para minimizar daños colaterales. Sin embargo, en el terreno político y jurídico internacional, el costo es mucho mayor. La captura de un jefe de Estado en funciones mediante una incursión armada unilateral reabre un debate de fondo:
¿Hasta dónde puede llegar una potencia cuando decide actuar por fuera de los mecanismos multilaterales?
¿De qué sirven los organismos financiados por el mundo entero?
¿Después de Nicolás Maduro, quién sigue?
Más allá de las imputaciones y responsabilidades que pesan sobre Maduro, cualquier salida a la crisis venezolana debió canalizarse por vías pacíficas y a través de organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA). El derecho internacional existe precisamente para evitar que prevalezca la lógica de la fuerza sobre la del consenso, y para impedir que la política global se rija por la ley del más fuerte. Sin embargo, ninguna de estas organizaciones actuó de manera decidida y sus llamados nunca tuvieron eco, evidenciando su falta de autoridad.
El riesgo inmediato no es menor. Venezuela entra ahora en una fase de inestabilidad que puede derivar en un conflicto a gran escala entre opositores y afines al chavismo, con la amenaza real de enfrentamientos internos, fracturas sociales profundas y una división política capaz de partir familias enteras.
Lo que se vislumbra es la antesala de una confrontación entre venezolanos: el fantasma de una guerra civil alimentada por resentimientos acumulados, lealtades irreconciliables y unas “venas abiertas” difíciles de cerrar, en una Venezuela donde coexisten dos visiones de nación, pero sólo una detenta las armas y la otra no está dispuesta a ceder.
Cuenta de X: @mecinas
Director de Quinceminutos MX



















































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