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¿Lo mejor está por venir?



Opinón, Puebla

La muerte de Rafael Moreno Valle Rosas y Martha Erika Alonso Hidalgo devolvió a Puebla el movimiento político que en ocho años no había podido registrar y terminó con la trama donde el villano estaba personificado, invariablemente, por el exgobernador Mario Marín Torres, quien ahora se ha convertido en uno de los hombres más fuertes en el estado.

El desenlace fatal terminó de tajo con lo que ningún partido, personaje, ni institución había podido frenar: el avasallamiento del morenovallismo y el control absoluto del Estado bajo el mando de una sola persona, sin embargo, evidenció la ausencia de liderazgos dentro de su propio grupo, rompiendo la burbuja mediante la única forma posible, desde dentro.

Lo que inició con la alianza de la izquierda y la derecha en 2010 para sacar al PRI de Casa Puebla, desató en su momento una “cacería de brujas” donde todo lo que recordara al pasado marinista debía ser desterrado del estado o rechazado de cualquier círculo político, económico e incluso laboral.

La construcción del morenovallismo significó, por ende, la destrucción de todo grupo con posibilidades de resistir las decisiones dictadas desde el Ejecutivo del estado, desapareciendo con ello la autonomía de los poderes judicial y legislativo.


El objetivo de alcanzar la candidatura del PAN-PRD a presidente de la República, llevó a Moreno Valle a negociar incluso la postulación de su propia esposa como abanderada de la misma coalición en el estado, y mucho más sencillo, llevarla al triunfo con todo y el aval de la legalidad que le otorgaban las mismas estructuras que fueron construidas por él mismo.

A un mes de la muerte de ambos, la burbuja ya fragmentada, sin brillo, se enfrenta a la negación de desaparecer y, envalentonada, reclama para sí misma el poder que retroalimentaba pero que ya no está.

Hoy, los actores políticos que durante casi 10 años estuvieron replegados, intentan salir de sus trincheras para retomar las posiciones que les fueron arrebatadas, sin poder aún articular una estrategia, ni dilucidar una idea clara, mucho menos pensar en un rumbo, sino solo llamar a la unidad.

Tampoco se observa un liderazgo contundente en la entidad, ni siquiera el de Luis Miguel Barbosa que obtuvo alta votación en la elección pasada arrastrado por el llamado "efecto López Obrador" y quienes aparecen en escena, enarbolando la idea de reconstrucción, son aquellos a los que el morenovallismo intentó hacer a un lado.

"En política hay que sanar los males, jamás vengarlos": Napoleón III

Twitter @mecinas

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