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Las peticiones de AMLO al Papa y el Estado laico

Quien pide está obligado a corresponder. Se llama reciprocidad y en la política es un valor sobradamente entendido.

“¿Quieres que haga tal cosa?, entonces tú deberás hacer esto”, tiene que leerse cuando dos hombres de poder se ven en un intercambio de encargos.

Cuando el sábado pasado (horario nuestro), Beatriz Gutiérrez, antes Müller y ahora nos hemos enterado que “De López Obrador”, esposa del presidente México, visitaba El Vaticano para llevar una carta de su marido, no la dejaba solamente en las manos del bonaerense Jorge Mario Bergoglio, sino en las del jefe de Estado del país más breve del planeta y el guía espiritual del mundo católico.


Y en realidad las peticiones que Andrés Manuel López Obrador hizo al Papa son aludiendo a esa estatura del Pontífice.

Solicitó el tabasqueño una disculpa de la Iglesia Católica a los indígenas, por las atrocidades cometidas en la Conquista, así como el impulso para que ésta también sea ofrecida por el Estado Español.


Asimismo, reivindicar la lucha de los sacerdotes, presuntamente excomulgados -es un largo debate llegar a una conclusión sobre eso- Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón.

Lo más ligero que pidió el mexicano en su epístola al Papa Francisco fue el préstamo de cuatro códices de El Vaticano, para una exposición en México, el próximo año.


Más allá del debate y descalificaciones sobre el vestido que se puso Beatriz, los gastos que realiza en Europa y la calidad en que va, como representante del Jefe del Estado Mexicano, como esposa o como presidenta de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, lo que realmente debe preocupar es que, si el Papa concede las peticiones de López Obrador, ¿cuál será el precio?


Permítanme intentar un torpe silogismo: México es un Estado Laico.


Andrés Manuel es el jefe del Estado Mexicano.

El Papa es el Jefe del Estado Vaticano.

Luego entonces, este es un tema de esa relevancia.

El momento por el que se ve atravesado este asunto, es el de un pendiente legislativo que, desde su fundación y como parte de su agenda legislativa, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) -partido del presidente- ofreció abordar: la despenalización del aborto.


El aborto es parte de la agenda legislativa de la izquierda mundial, no solamente en México.


Sin embargo, el presidente López Obrador no lo tiene en su lista de prioridades. No lo quiere abordar porque sabe que es socialmente muy alto el costo, tan solo de ese debate público.

Es más, ha retrasado el tema, a pesar de las proclamas y las pancartas de legisladoras, gobernantes y activistas de su misma filiación partidista.


Se puede estar a favor en contra de la despenalización del aborto -en particular estoy a favor-, pero ese no es el fondo en este asunto específico.


La duda fundamental es otra: ¿el Estado Mexicano laico queda frágil con estas peticiones y esta relación que Andrés Manuel pretende establecer con el Papa?

De eso no nos ha enterado el presidente.

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