Explota pirotecnia en Tlaola y deja tres lesionados; dos de ellos menores
- Felipe P. Mecinas

- hace 2 días
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Personal de Protección tiguaCivil localizó más pirotecnia resguardada en una vivienda contigua

Huauchinango, Pue. (Quinceminutos.MX). —En un abrir y cerrar de ojos, en pleno Viernes Santo, una familia de escasos recursos de la localidad de Xaltepuxtla, en la Sierra Norte de Puebla, lo perdió todo. Un estruendo sacudió la tranquilidad de la tarde.
Una pequeña vivienda, donde se almacenaba pirotecnia. estalló sin previo aviso, levantando una nube de humo, polvo y miedo que se extendió por la comunidad enclavada en el municipio de Tlaola. En segundos, la vivienda quedó reducida a escombros.
Entre gritos y confusión, vecinos corrieron para ayudar. La escena era devastadora: paredes colapsadas, láminas retorcidas y pertenencias dispersas. En medio del caos, tres personas resultaron heridas, entre ellas dos menores de edad, quienes fueron auxiliados de inmediato por quienes estaban cerca, antes de la llegada de los cuerpos de emergencia.
"Sálganse, sálganse", gritaban los vecinos a la familia atrapada entre las llamas, mientras los cohetes continuaban tronando. A la distancia una columna de humo se alzó sobre los cerros.
Los cuerpos de emergencia arribaron poco después. Paramédicos brindaron atención prehospitalaria en el lugar, mientras las corporaciones comenzaban a acordonar la zona. El olor a pólvora aún flotaba en el aire, recordando la fragilidad de lo ocurrido.
Minutos más tarde, el operativo se intensificó. Elementos de Protección Civil, bomberos y policías de Huauchinango, Tlaola, Xaltepuxtla, Xicotepec y Tenango de las Flores comenzaron labores de remoción de escombros y enfriamiento del área, conscientes de que cualquier chispa podía provocar una segunda explosión.
No estaban equivocados: en una vivienda contigua aún había material pirotécnico almacenado, que fue retirado de inmediato para evitar una tragedia mayor.
La comunidad, acostumbrada a la cercanía y la solidaridad, se mantuvo unida. Algunos ofrecieron agua, otros ayudaron a despejar el terreno; todos compartían el mismo silencio cargado de incertidumbre.
Al caer la noche, el sitio quedó bajo resguardo. Las llamas se extinguieron, pero las huellas permanecieron: una familia sin hogar, una comunidad sacudida y la certeza de que, en lugares donde la necesidad empuja a asumir riesgos, la tragedia puede llegar sin avisar.
















































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