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El aciago legado de los Moreno Valle Rosas

A dos años de la muerte del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y su esposa Martha Erika Alonso Hidalgo, hay que diferenciar, para el análisis, la tragedia humana que representa su ausencia para sus familiares y sus amigos verdaderos, de la aciaga herencia de deuda, abusos y corrupción que dejó ese periodo que trajo a Puebla oscuridad y que es de sobra conocido como morenovallismo.


Todos esos excesos son hoy tan evidentes, que ni los oportunistas que públicamente emiten lamentos con tufo hipócrita, ni su partido, Acción Nacional (PAN), ven utilidad en tomar su fallecimiento como bandera política. No les funciona la evocación, como “obra pública” o “ideario”, de los funcionarios morenovallistas.


Los deudos genuinos de la muerte de la pareja, junto con otras tres personas, en el percance aéreo del 24 de diciembre de 2018, merecen todo el respeto y está intocado su luto.

Ellos nada tienen que ver con las reflexiones que abordan la vida pública y el desempeño como funcionarios y políticos, sobre todo de él.


Desde los tiempos de su nacimiento, en 2010, ese sistema político que convirtió en un negocio la función pública, hasta los días funestos de la consumación del fraude electoral de 2018, hay un recuento preciso y cada vez más evidente y conocido, de un grave desfalco al erario y una larguísima estela de abusos y atropellos.


Lo que hoy sabemos es que la deuda pública que el morenovallismo heredó a todos los poblanos es de 48 mil 290.6 millones de pesos, directamente endilgados a las obligaciones financieras de la entidad.


También se conoce que hubo en ese periodo, que también abarca el gobierno de 22 meses de José Antonio “Tony” Gali Fayad, erogaciones que están muy directamente vinculadas con la corrupción.


Sobreprecios en todo lo que se compró y se hizo, contratos a modo, empresas fantasmas, que fueron contratadas para realizar obras ficticias.


Las factureras y empresas que, aunque fiscalmente estaban constituidas, no existían en realidad, ni ofrecían ningún bien y ningún servicio, que fueron constantemente utilizadas por los entonces gobernadores, principalmente por Rafael, para literalmente entregar carretadas de dinero.


Todo lo ha venido develando la Auditoría Superior del Estado (ASE).


El desfalco es de proporciones descomunales y con el paso de los días se conocen cada vez más detalles.


Todo fue realizado bajo un “modelo de negocios” brutal y desmedido.


Por ejemplo, en la Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA) se dejó todo preparado para que, de manera vitalicia, los socios del morenovallismo pudieran recibir los beneficios de un monstruoso fraude que se calcula en 480 millones de pesos al año, pero que ya ha sido desmontado.


Están también los reiterados atropellos a los derechos humanos de cientos de poblanos, el crecimiento de la pobreza y la inseguridad, especialmente en delitos como el huachicol, que tiene todas las huellas de haber sido cobijado desde el poder.


Todo ello, sin contar con lo que nos falta por saber: el detalle de las malas obras, que fueron escenografía de un progreso ficticio y sus sobrecostos; el espionaje que fue sistemático contra los opositores al morenovallismo y mucho más.


Pero no mucho servirá conocerlo, si no hay señalamientos formales contra los responsables, con procesos administrativos, civiles y penales.


Los procesos avanzan y eso será siempre una buena noticia.

Hay muchos más responsables, hoy desmesuradamente enriquecidos a costa del dinero de todos los poblanos, y también están todavía impunes muchos perpetradores de abusos y delitos.


El legado de esa etapa de oscurantismo para Puebla no se debe olvidar, jamás. Debe ser revisado profundamente.


La vuelta a la página no es opción.


Twitter @Alvaro_Rmz_V

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