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La oposición poblana extraviada

  • Foto del escritor: Quinceminutos.MX
    Quinceminutos.MX
  • 16 jul
  • 3 min de lectura
Felipe Ponce Mecinas

Centrados únicamente en el rechazo al Cablebús y cobijados por el argumento de que “en Puebla nadie lo quiere” o de que se trata de una “imposición” del gobierno en turno, un grupo de opositores al proyecto se manifestó la mañana de este miércoles en el nuevo monumento a Zaragoza, frente al Congreso del Estado, mientras el diputado con licencia entronizado como coordinador del Gabinete estatal, José Luis García Parra, defendía una obra que la administración estatal ha presentado no como la solución definitiva a los problemas de movilidad, sino como una pieza más dentro de la integración de los sistemas de transporte de la zona metropolitana.

 

El episodio vuelve a exhibir el extravío de una oposición poblana que durante años se acostumbró a aplaudir, sin demasiados cuestionamientos, los megaproyectos del morenovallismo porque, según les decían, eran sinónimo de desarrollo y modernidad, sin importar el costo financiero que representaran para el estado. Incluso cuando ello implicaba endeudar al estado durante tres, cuatro o hasta cinco décadas.

 

Hoy, lejos del poder y también de la posibilidad de participar en los negocios que acompañaron a muchas de esas obras, la oposición partidista aparece con argumentos débiles, poco claros y sin respaldo social visible. Eso sí, con una fuerte presencia en redes sociales. El gobierno asegura que buena parte de ese ruido proviene de bots o cuentas automatizadas; los opositores sostienen que son usuarios y que representan el sentir de todo Puebla. La realidad —al menos la que se observó en las calles—, es que la protesta no logró reunir ni la asistencia que algunos partidos consiguen en una asamblea comunitaria.

 

Si la preocupación de la oposición fuera realmente la movilidad de Puebla, hoy estaría trabajando en la construcción de alternativas viables para enfrentar el congestionamiento vial, los tiempos de traslado y el crecimiento urbano desordenado. Estaría presentando proyectos, estudios, comparativos internacionales y propuestas técnicas. Pero no. Hasta ahora, la estrategia parece limitarse al rechazo por el simple hecho de no estar de acuerdo.

 

Y es ahí donde aparece una oportunidad que, paradójicamente, la propia oposición parece estar desperdiciando.

 

La inversión del Cablebús es enorme. Según los datos presentados por García Parra, los estudios financieros estimaban originalmente un costo de 6 mil 965 millones 638 mil 841 pesos, IVA incluido. Sin embargo, tras el proceso de licitación pública nacional, el contrato fue adjudicado por 6 mil 752 millones 949 mil 56 pesos con 58 centavos, una cifra menor a la proyectada inicialmente. Además, el gobierno informó que ya se ha ejercido alrededor del 33 por ciento de los recursos programados, aunque la obra física apenas reporta un avance del 2 por ciento.

 

Esa información debería ser una mina de oro para cualquier oposición seria.

 

Si de verdad existe interés por fiscalizar el proyecto y aportar al debate público, hoy tendrían que estar verificando si los costos presentados son razonables, comparando el presupuesto con sistemas similares construidos en otras ciudades del mundo, revisando la calidad de los materiales que serán utilizados, cuestionando la capacidad del sistema eléctrico que dará soporte a la operación, evaluando los mecanismos de mantenimiento previstos y analizando cómo se evitarán problemas como las largas filas que suelen registrarse en algunas líneas del Cablebús de la Ciudad de México.

 

La verdadera tarea de la oposición no consiste en gritar más fuerte, sino en vigilar mejor.

 

A estas alturas, el debate debería centrarse en comprobar si el proyecto realmente cumplirá con lo que García Parra define como un sistema de interoperabilidad y movilidad integral. La respuesta tendría que llegar acompañada de cifras, estudios técnicos, análisis financieros y observaciones documentadas.

 

De lo contrario, cuando la obra esté avanzada, apenas comenzarán a preguntarse si los materiales fueron los adecuados, si los cimientos cumplen con las especificaciones necesarias o si las góndolas reúnen los estándares internacionales de seguridad. Y para entonces estarán, inevitablemente, un paso atrás. Otra vez.

 

Porque para ser oposición no basta con estar en contra. Hace falta estar informado, llegar primero, revisar expedientes, estudiar contratos y formular cuestionamientos sólidos.

 

De lo contrario, terminarán esperando desde la comodidad de la crítica para señalar cualquier falla futura, lamentar un apagón, una suspensión del servicio o un incidente mecánico, cuando tuvieron la oportunidad de supervisar el proyecto desde su origen y no lo hicieron.

 

La democracia necesita oposiciones fuertes, incómodas y vigilantes. Lo que no necesita son oposiciones extraviadas.

 

Para ser oposición hay que tener claridad de ideas, argumentos sólidos y autoridad moral.

 

Y, sobre todo, tener la cola corta y la boca grande.

 


Cuenta de X: @mecinas

Director de Quinceminutos MX

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